miércoles, 5 de diciembre de 2007

Reporte de lectura "El Instinto del lenguaje". Saraí Adriana Suárez Chacón, Yarina Velasco Hernández y Linda Grissel Macario Fernández.

En el texto de Versión de: Manuel Igoa González ¿Cómo crea el lenguaje la mente?, sobresale el hecho de que desde el punto de vista del autor, nosotros pertenecemos a una especie dotada de una admirable capacidad, la de formar ideas en el cerebro. De los demás con exquisita expresión. Esa capacidad es el lenguaje. Con sólo hacer unos ruiditos con la boca, conseguimos que la mente de otra persona surjan nuevas combinaciones de ideas. Esta capacidad resulta muy natural que la pasamos por alto lo asombrosa que es. El verdadero motor de la comunicación verbal es el lenguaje que adquirimos desde niños. Ya que se destaca como rasgo prominente. Una lengua común conecta a los miembros de una comunidad con una red de información compartida con unos formidables poderes colectivos. El lenguaje se halla tan íntimamente entrelazado con la experiencia humana que apenas es posible imaginar la vida sin él. En nuestras relaciones sociales no se admira la rapidez, sino la labia: el orador que nos hechiza con sus palabras, el seductor que nos conquista con su verbo, o el niño persuasivo niño que convence a su padre.

Hace unos treinta y cinco años nacía una nueva ciencia. Lo que ahora se conoce como (ciencia cognitiva) combina procedimientos tomados de la psicología, las ciencias de la computación, la lingüística, la filosofía y la neurobiología para explicar el funcionamiento de la inteligencia humana. La ciencia del lenguaje, en particular, ha sido testigo de espectaculares avances desde entonces.

El conocimiento que hoy día se tiene de las capacidades lingüísticas presenta unas implicaciones revolucionarias para entender lo que es el lenguaje, el papel que desempeña en los asuntos humanos y nuestro concepto mismo de humanidad.

Una persona con educación tiene opiniones formadoras del lenguaje. Sabe que es la invención cultural más importante que ha hecho el hombre, el ejemplo paradigmático de su capacidad de emplear símbolos y un hito biológico sin precedentes que le separa irrevocablemente de otros animales.

Al igual que el lenguaje moldea el pensamiento y que las diversas lenguas hacen que sus hablantes se formen conceptos distintos de la realidad. Así es consiente de que los niños aprenden a hablar imitando a los adultos.

El lenguaje no es un artefacto cultural que se aprende de la misma forma que se aprende a leer la hora o a rellenar una instancia. Antes bien, es una pieza singular de la maquinaria biológica de nuestro cerebro; es una habilidad compleja y especializada que se desarrolla de manera compleja que se desarrolla de forma espontánea en el niño, sin esfuerzo consiente o instrucción formal, se despliega sin que tengamos conciencia de la lógica que subyace a él, es cualitativamente igual que en todos los individuos, y no es muy distinto de las habilidades más generales que tenemos de tratar información o comportarnos de forma inteligente. Algunos científicos cognitivos han definido el lenguaje como una facultad psicológica, un órgano mental, un sistema neural y un modulo computacional.

Sin embargo se da el término de (instinto), ya que la palabra transmite una idea; pero esta contradice a la sabiduría popular transmitida durante siglos como axioma de las humanidades y las ciencias sociales. El lenguaje no es más una invención cultural que la postura erecta.

Tampoco es manifestación de la capacidad general de usar símbolos; un niño de tres años es un genio en materia de gramática y, sin embargo, bastante incompetente en las artes visuales, la iconografía religiosa, las señales de tráfico y otros ejemplos del currículum semiótico.


Aunque el lenguaje es una grandiosa capacidad exclusiva del homo sapiens de entre otras especies, no por ello se parata del estudio de otras especies vivientes.

Podemos ver al lenguaje como una obra maestra de ingeniería de la naturaleza (como un órgano con esa perfección de estructura y coadaptación, en otras palabras de Darwin).

La complejidad del lenguaje, desde le punto de vista científico, es parte de nuestro patrimonio biológico; no es algo que los padres enseñen a sus hijos o que se imparte en la escuela. Según Oscar Wilde, <>. El conocimiento táctico de la gramática que posee un niño de preescolar es mas sofisticado que el manual de estilo más completo o el programa de ordenador más avanzado, y lo mismo se puede decir de cualquier ser humano normal, incluidos los futbolistas que atentan contra la sintaxis y lo locuaces adolecentes con su lenguaje inarticulado.

La concepción del lenguaje como una clase de instinto fue expresada por primera vez por el propio Darwin en 1871. En su libro EL ORIGEN DEL HOMBRE, Darwin tuvo que vérselas con el lenguaje,ya que su exclusividad en los seres humanos podía llegar a comprometer su teoría. Uno de los fundadores de la noble ciencia de la Filología observa que el lenguaje es un arte, como la fabricación de la cerveza y el pan. Él concluye que la capacidad lingüística es (una tendencia instintiva a adquirir un arte), un diseño que no es privativo del hombre, si no que se halla presente en otras especies, como es el caso de las aves canoras. William James, advirtió que lo poseedores de instintos no tienen por qué actuar como (autómatas condenados). Arguyó que los seres humanos poseemos todos los instintos de los animales y algunos más; nuestra flexible inteligencia procede de la interacción de muchos instintos en competencia.

El funcionamiento del lenguaje está apartado de nuestra conciencia como la lógica de la incubación de los huevos de la conciencia de una mosca. Nuestro pensamiento influye de nuestra boca con tal naturalidad que a veces nos hacen sonrojar, al burlar la censura de la mente.

En este siglo, la argumentación más conocida de que el lenguaje es como un instinto se debe a Noam Chomsky, el primer lingüista que desveló la complejidad del sistema y tal vez la persona a la que cabe una mayor responsabilidad en la moderna revolución del lenguaje y de la ciencia cognitiva. En los años 50, las ciencias sociales dominadas por el conductismo, una tradición de pensamiento popularizado por John Watson y B. F. Skinner. Términos mentales tales como (saber) y (pensar) recibieron el marchamo de científicos, palabras como e se consideraban feas. La conducta se explicaba por medio de unas pocas leyes de aprendizaje por asociación de estimulo y respuesta que podían estudiarse observando a las ratas pulsar palancas y a los perros salivar al oír tonos.

Chomsky llamó la atención hacia dos hechos fundamentales del lenguaje.
En primer lugar, toda oración que una persona profiere o entiende es una combinación inédita de las palabras que aparece por primera vez en la historia del universo. Por tanto, una lengua no puede ser un repertorio de respuestas; el cerebro debe tener una receta o un programa que le permita construir un conjunto ilimitado de oraciones a partir de una lista finita de palabras. A ese programa se le llama gramática mental (que no debe confundirse son las estilistas o pedagógicas, que simplemente son guías que regulan el estilo de la prosa escrita).

El segundo hecho fundamental es que los niños desarrollan estas complejas gramáticas con gran rapidez y sin instrucción formal, hasta que son capaces de dar una interrupción consistente a frases con construcciones nuevas que jamás han oído anteriormente. Los niños tienen que estar equipados de nacimiento con un plan común a sintácticas del habla de sus padres.

La lengua que cada persona adquiere es una construcción rica y compleja que mal podría estar determinada por los datos fragmentarios de que dispone el niño… sin embargo, los individuos de una comunidad lingüística han desarrollado esencialmente la misma lengua. Este hecho solo puede explicar sobre el supuesto de que estos individuos emplean principios altamente restrictivos que guían la construcción gramática.

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